julia llerena

 
 
 

AL ALBA, 2019
Sabrina Amrani Gallery, ArtBanchel, Madrid.

El tiempo pierde su poder cuando el recuerdo redime el pasado.
Herbet Marcuse

Diez años antes de que yo naciera, en 1975, a punto de caer el régimen golpista y dictatorial, Luis Eduardo Aute (1943) compone con mucha prisa una canción que luego he escuchado y tarareado muchas veces, Al alba. Lo hace en Madrid, durante los días previos a las últimas penas de muerte ejecutadas en España: el 27 de septiembre de 1975, al amanecer, eran fusilados cinco jóvenes, tres de ellos pertenecientes al Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico (FRAP), y dos a Euzkadi ta Askatasuna -Patria vasca y
libertad- (ETA), condenados en consejos de guerra .
Al alba, la canción, pasó la censura fascista porque para ellos, se trataba de una “inocente” canción de amor. Tras ella se escondía un duro alegato en contra de la pena de muerte y una proclama a la libertad. Las metáforas de la composición pasaron totalmente desapercibidas para la censura.
En la madrugada del día 27, en el polígono de tiro de Matalagraja (Hoyo de Manzanares), un pelotón fusilaba a Ramón García (27 años), José Luis Sánchez-Bravo (21 años) y José Humberto Baena (24 años). A la misma hora en las cercanías del cementerio de Sardanyola (Barcelona) era ejecutado Juan Paredes, Tixi (22 años), y cinco minutos después, en el patio del penal de Burgos sería fusilado Angel Otaegui (33 años). Estas ejecuciones provocarían una ola de protesta e indignación en toda Europa que se extendió por espacio de algunas semanas. Quince países europeos (República Federal Alemana, Gran Bretaña, Bélgica, Dinamarca, Holanda, República Democrática Alemana, Francia, Suiza, Portugal, Austria, Suecia, Irlanda, Luxemburgo e Italia) retiraron temporalmente sus embajadores en Madrid, y otros dos países (Polonia y Hungría) sus representantes.
Estos acontecimientos los he conocido mucho tiempo después porque Al alba, pese al mito, en realidad es una canción de amor. El momento político y la evocación de la letra que iba como anillo al dedo a los fusilamientos del franquismo la terminaron convirtiendo “en un alegato contra la pena de muerte”, pero no era eso lo que inicialmente pretendía su autor, que llevaba tiempo tratando de escribir una canción sobre los fusilamientos pero reconoce que no lo conseguía, “me salía un panfleto o una descripción que no era lo que yo quería”, confiesa. Aute pretendía cuadrar una letra que pasase la censura para que la gente pudiera cantarla, pero ante el fracaso, se puso a componer más canciones de amor. Al alba fue una de ellas, un tema “que en principio no tiene relación con los fusilamientos pero que parecía que ya estaba escrita” para ello, “que la canción que yo quería escribir salió sin yo buscarla”. “La canción quedó vinculada a esos hechos y se ha convertido en un alegato contra la pena de muerte, que es lo que yo pretendía hacer con esa canción que no me salía”, contó Aute.
La restauración de los derechos de la memoria es un vehículo de liberación dice Marcuse, yo creo que habría que liberar el contenido reprimido de la memoria y tener claro que el lenguaje ha cambiado drásticamente su función ; de la descripción positiva de la realidad a ser la principal herramienta de seducción de distintos agentes sociales, según nos aclara Lipovestky
Recreo con precisión, dos vídeos, ese alba, el amanecer del 27 de septiembre de 1975, el de las estrellas que hieren como amenazas, y en una vuelta a mis prácticas de arqueología del presente, recorrer esos lugares y recolectar objetos que han sido abandonados para construir con ellos un archivo que permita una lectura abierta y poliédrica, que incluya los hechos, los lugares y la canción.